viernes, 4 de abril de 2014

HASTA LA ÚLTIMA GOTA





Fuera las capillas y los discursos,
me voy,
vuestras canciones
no me afectan,
vuestras órdenes
me hacen reír,
ya podéis levantar lápidas
dar martillazos en los nichos
y abrigar esperanzas de eternidad,
no me interesa.
Cualquier cosa os vale
desde la estafa al pincho de tortilla
y administrando el dolor sois felices.
Me voy,
ya lo he dicho.
Tengo bastante
con el lecho del río
la resurrección de las rosas
y el roce viscoso de los barbos.
Es una certeza,
arrastro dudas y canas
melancolía y arrugas
neurosis y cojera.
Me voy,
ya lo he dicho.
Con la cabeza alta
y sin versos,
no sé si lo he dicho,
me voy.





domingo, 16 de marzo de 2014

TRANVÍAS



Paseábamos por Alfama cogidos de la mano, zigzagueando entre flores, cacharros por el suelo, ropa tendida de cualquier manera y gritos, muchos gritos. Me miraste como el que espera una tabla de salvación o una condena, bajamos hacia una calle empedrada, de fondo el elevador de Santa Justa y Dulce Pontes, en la terraza el calorcito de junio. Pedimos sardinas y bacalao, nada nuevo, también Oporto, pasó un chico joven y guapo y vuestros ojos se enredaron, a la traición también se llega por el desgaste, el tedio, los primeros dolores de la madurez. Pagué, me fui solo, cogí el primer tranvía y llegué al Castillo de San Jorge, me fijé en el estuario del Tajo y me acordé de la Sierra de Albarrracín y de los días azules donde todo estaba por descubrir.

jueves, 6 de marzo de 2014

FABIO SHERPA TIENE RAZÓN


Casi nadie lo sabía, caminaba despacio y solitario entre cubos de basura, escudriñando la mierda de otros, y allí encontró los dedos tumefactos de Bolaño al volante de un Impala, el vómito reciente de Bukowski sobre un giro postal, la rabia impostada de Ginsberg imitando a los lobos y el vuelo sin motor de Leopoldo María Panero, eso lo cambió todo. Empezó a comerse las metáforas como el que devora un hígado, tenía hambre. En las jeringuillas no cabía más heroína, en el psiquiátrico de Mondragón no cabían más locos, y en la casa de Astorga no cabían más desencantos. Si cierras los ojos podrás sentirlo, me dijo, ver la tierra prometida de Nunca Jamás, allí la voz de Bunbury dice Peter Punk, Peter Punk, y el día por fin vence sobre la llama de los cirios. Tú ya lo sabías de antes, Fabio Sherpa tiene razón.


miércoles, 26 de febrero de 2014

AHÍ TE QUEDAS




En el conocimiento del infierno del Lobo Antunes aplastabas sombras y consumías sueños, llegaste a la última página como un subsahariano a las playas de Algeciras, con hipotermia, desfallecido, aprendiendo lo que es la angustia de ser hombre. Entonces te llegó un correo electrónico, lo abriste y pensaste que la muerte era en un trozo de ovillo enredado en los juegos de la infancia, un centauro veinticuatro horas, y recordaste sus dedos fluyendo como cachorros febriles,  y lo viste al otro lado de la moneda de Camarón, volando desde lo hondo hasta la superficie de las cosas con una sonrisa, y todo se llenó de duendes, gitanos y flamenquitos del lago Nakuru llorando entre dos aguas. Cerraste el correo y saliste al encuentro de los espíritus a galope tendido, buscándolo entre los vinilos y cassettes, una vez más. Ahora en tu ordenador llueven chispitas de uñas, de pelo, de tendones, de cuerdas y madera, pedazos famélicos de él, te pones serio y empiezas a masticar el único sentido de la vida, y te sientas a esperar entre bulerías y conciertos de Aranjuez, con la certeza de que al rescate de la soledad se llega solamente por la vía directa y materna de la posesión del pretérito imperfecto del verbo lucir.

miércoles, 19 de febrero de 2014

LA CITA



Hacía tres meses que nos encontrábamos en la biblioteca a la misma hora, las diez de la mañana, y el mismo día de la semana, miércoles, y en el mismo anaquel, libros de autor, y en el mismo escritor, Chesterton, así hasta hoy. Es miércoles, son las diez y no hay nadie, llego hasta Chesterton, veo que hay una nota en nuestro punto de encuentro, me pongo nervioso. ¿Será una declaración de amor?, recuerdo sus piernas larguísimas, sus ojos dorados, su perfume hipnótico, desdoblo el papel, escrita a mano, no me esperaba otra cosa, leo despacio intentando descifrar ese mundo breve que nos une, y pone ¡date la vuelta!, me giro y la veo apuntándome con un revólver, los labios carnosos, el pelo cobrizo y rizado, la belleza que duele, es miércoles, son las diez, continuará.



miércoles, 12 de febrero de 2014

BLANCANIEVES 3.0



Parecía un tipo normal, vulgar tal vez, hurgaba entre las bananas y las cerezas como el que espera obrar la clonación milagrosa de los orgasmos, llevaba unos vaqueros ajustados. Hacía calor, el paquete se le incrustaba en el desgaste de la entrepierna, me miró como quien mira una aparición mariana, o ve a una loca, me gustó, sentí en sus ojos el miedo, la vergüenza, el deseo. Un kilo de manzanas, olor a frambuesa, se acercó con la cabeza baja y llegó asustado a mi degolladero, lo desnudé y mastiqué la musculatura de su boca, a distancia, eso sí, se quedó sin palabras, suele pasar al verme, me pidió la hora, me dio pena y le di mi teléfono, esa noche la pasamos en la cama de un hotel y sin concesiones. Después, verle sonreír y decirme te quiero fue decepcionante, se acabó el misterio.



sábado, 11 de enero de 2014

PRINCIPIO DE CONGELACIÓN



Siempre tuve unos ideales inflexibles, a prueba de bomba, y unos principios inquebrantables, o eso creía yo, no contaba con el de congelación.
Había salido de trabajar en el supermercado, reponer, cobrar y así sucesivamente, en bucle. Mi sexto día, sábado por la noche, estaba harto de reproches, humillaciones y gritos, la semana había sido un desastre, pero ya tenía fiesta, ¡gran noticia!, un día, un lujo, un asco, una suerte. Cogí el autobús y me imaginé mi piso calentito y a mi chica con sus más sugerentes prendas de lencería, me encantaba arrancárselas a mordiscos, pensamiento positivo me decía el psiquiatra, esto promete. Por fin el autobús se detuvo, bajé, nevaba suavemente, en el suelo tirada había una rata enorme con las tripas fuera, subí siete plantas en ascensor, giré la llave, entré en el salón y nadie, en el dormitorio y nadie, sobre la cama una nota, un trozo de papel con manchas de aceite, lo desplegué con curiosidad. “La calefacción se ha estropeado, me voy con mi madre, no me busques, no te quiero”.Volví a la calle, ya no nevaba, un frío desagradable me empezaba a quemar y en ese momento entendí lo que era realmente el principio de congelación.