miércoles, 21 de octubre de 2015

EL TALÓN DE AQUILES





Ya estaba hecho. El agua caía como los recuerdos, no fue difícil decir adiós.
La hipoteca, la compra diaria del pan, las reuniones de vecinos, las extraescolares, para ti, cuida de los niños, te quieren mucho.
 Me miró a la cara, después de diez años seguía siendo la chica más guapa que había visto, me parecía una de sus bromas habituales, y sonreí.
No tuve tiempo de mirar atrás, se quedó petrificado, tenía una mueca rara, le rocé la mejilla, y en su barba de tres días recordé la rutina, el cansancio, la melancolía y salí, respiré, era libre.
Ya estaba hecho. El agua caía como los recuerdos, no fue difícil decir adiós.


miércoles, 26 de agosto de 2015

La dimensión insondable




He llegado ya, bajo del tren, tampoco hay paz en este crepúsculo, piso con un cuarenta y uno lo que otro día fue un veintisiete, la estación huele a colonia de coco y a campo. Cruzo la puerta y cruzo treinta años de golpe, siento una cierta melancolía a los pies de la majestuosa Escalinata, cómo despedirse, cómo decir adiós tan pronto. Debajo de la Torre de San Martín el primer beso, tanto tiempo como kilómetros al pasado, y las caritas de niños avergonzados y tímidos, y las manos entrelazadas, los fantasmas gaseosos del amor por las esquinas de los inviernos nevados de Teruel.
Enciendo un cigarrillo, cómo despedirse, decir adiós tan pronto, no hay lamento que valga, me sale una sonrisa, seré escritor o nada, eso dije aquí, encima del Viaducto, al final nada, y así me voy despidiendo, lo demás ya no importa.




domingo, 7 de junio de 2015

VAMOS A BRINDAR


Fui caminando por el Puente de las Cadenas como un espantapájaros de esos de las películas,me comí una hamburguesa y me tomé un café, se hizo de noche. El Danubio se volvió salvaje y hermoso, una muchacha me saludó desde la otra acera, hacía frío, el viento era racheado, me besó, discutimos tanto como en los últimos diez años, hablamos del futuro, de un tiempo improbable que no viviríamos juntos, en realidad, Nadia ya me había dejado, lo que ocurrió después fue algo prodigioso. Me llevó de la mano hasta nuestra casa, el olor identificable, los muebles baratos que conseguimos en un vertedero y las pisadas recientes de los niños, nos acostamos, lo hicimos como perros abandonados, al principio con precauciones, luego con rabia, con miedo, sabiendo que era la última vez. Después amaneció, nos duchamos y tomamos zumo de naranja con vodka, hacía mucho que no estaba tan guapa, brindamos, la bruma avanzaba. Me abrazó con fuerza, salí sin mirar, disimulando las lágrimas, no me giré, la puerta se cerró de golpe, encendí un cigarrillo, me senté en un banco y me puse a pensar en España, en la novela que llevaba diez años escrita en un cajón de Teruel, y en tantas cosas, desaparecí por un callejón y hasta hoy.





domingo, 18 de enero de 2015

FREAK



Manuel había tenido una idea brillante, los directivos del canal se la compraban, estaban seguros de que iba a revolucionar la televisión, cámaras ocultas instaladas en salas diáfanas y un tipo sin escrúpulos. El olor del Danubio llegaba a oleadas al Prater, desde pequeño, Manuel, disfrutaba esa gigantesca mole que se estampaba en el cielo de Viena, y con los demás escondrijos del parque de atracciones que subsistía a sus pies, con su reclamo de colores multiplicándose y bocinas sonando con estruendo. Detectó un grupo de turistas españoles, le daban asco, hablaban a gritos, odiaba todo lo que representaban, en ese momento le hubiera gustado tener un revólver y volarles la tapa de los sesos, sus padres eran extremeños, de eso no quería acordarse, era como una mancha de nacimiento. La primera emisión fue un éxito, los anunciantes inundaban las líneas telefónicas, querían invertir en aquel milagro vienés. Un muchacho encogido entra en la sala diáfana, mira al suelo, el tipo sin escrúpulos le habla con suavidad. Desgrana la vida del joven, y así nos enteramos de que tiene dos hijos, uno de tres años y otro de siete, es viudo, tiene que pagar una hipoteca de más de mil euros al mes, “estás despedido” resuena en las paredes con eco, también en nuestras pantallas, el muchacho llora como un niño, un pico máximo de audiencia, ha sido un buen arranque, la cadena afila los colmillos. Esa noche Manuel se sube a la noria del Prater, disfruta unos segundos de la paz operística de Viena y se acuerda de una canción que cantaba su padre, un pasodoble, Suspiros de España, el Danubio arrastra madejas de peces muertos, el olor es insoportable, arriba, parado en la cima, saca una cuchilla Gillette, mientras,  la noria, gira y  gira sobre el Prater.



jueves, 4 de diciembre de 2014

EL DESCUARTIZADOR



Teníamos un pacto,
algo  entre caballeros,
yo aprendía a reír y él me respetaba,
pero no cumplió
y empezó por llenarme la barriga,
siguió quitándome el pelo a mechón limpio,
lo de la miopía y el astigmatismo vinieron por decantación,
más tarde la acumulación de desastres,
el desempleo de larga duración
fuera el café y otras chucherías,
el mapa de las arterias a punto de reventar
ni huevos ni grasas,
y el sexo con profesionales y poco esfuerzo.
Me quedaba mucho por hacer,
eso sí,
contemplar atardeceres,
recordar libros,
el chismorreo, deporte muy completo,
la maledicencia,
la genuflexión,
todas esas cosas.
Me dijo,
no hay más,
apréndelo de una vez.
Y saben que hice
obedecí
y aquí estoy
vivito y coleando.                                                   




martes, 4 de noviembre de 2014

VOCES




Salí de la Mezquita mareado, por las columnas, los colores y los juegos de luces y sombras, le eché una mirada al patio exterior buscando algo que me sacase del delirio, y solamente pude ver una frondosa vegetación donde grupos de mexicanos, chilenos y japoneses debatían sobre arte. El sol era demoledor y el ambiente era asombroso, parecía una tarde  de otoño en el Yucatán. Entonces la vi, sacó su entrada y antes de acceder a la Mezquita se sentó debajo de una palmera, tenía un aire tristísimo, extrajo de su mochila una guía de bolsillo y un sobre abierto, manoseado, leído mil veces, y puso los ojos sobre él como la primera vez que llegó a su buzón, desplegó la carta que tenía dentro, entró en trance, era increíble el efecto, reía, sollozaba, era único, casi mágico, ni wasap, ni correo electrónico, ni red social que se precie, una carta roñosa, con sus tachones, su firma, su no te quiero ya, aunque cuánto te quise, sus caricias en el Trastevere, su primer beso. Terminó de leerla y puso una cara extraña, se notaba que había vuelto de un largo viaje, se le acercó un payaso y le ofreció un globo con forma de corazón, volvió a sonreír. 
Se levantó y se fue, de fondo volvieron las demás criaturas con su ruido y su furia, volvieron las arcadas y volvió esa eterna melancolía del final de la batalla, eso fue todo.



viernes, 19 de septiembre de 2014

SIN RECURSOS


Pedro Rojas era tremendo, su decisión fue firme, diría más, definitiva, no podía hacer otra cosa, lo habló con sus amigos, con sus enemigos, con su agente literario, en fin, hasta se atrevió a llamar a su hermano al que detestaba por una cuestión de cuernos, pero nada. Estaba vacío, seco, sin nada más que decir. Así que cogió lo más a mano que tuvo, un libro, El perro de los Baskerville, y salió a una calleja estrecha, cerca de una iglesia, esperando alguna suerte de inspiración divina. Montó su chiringuito y se puso a pedir, colocó con destreza la novela de Conan Doyle a modo de triángulo equilátero y encima un cartón donde había escrito con rotulador permanente... sin recursos. Le dieron monedas, bocadillos, latas de cerveza, incluso le hicieron caricias, pero nadie le dijo al oído lo que quería escuchar: “Levántate y anda, coge de una maldita vez papel y bolígrafo y no llores tanto”. Hoy han pasado diez años y tiene más tripa y menos sueños.