Manuel había tenido una idea brillante, los directivos del canal se la compraban, estaban seguros de que iba a revolucionar la televisión, cámaras ocultas instaladas en salas diáfanas y un tipo sin escrúpulos. El olor del Danubio llegaba a oleadas al Prater, desde pequeño, Manuel, disfrutaba esa gigantesca mole que se estampaba en el cielo de Viena, y con los demás escondrijos del parque de atracciones que subsistía a sus pies, con su reclamo de colores multiplicándose y bocinas sonando con estruendo. Detectó un grupo de turistas españoles, le daban asco, hablaban a gritos, odiaba todo lo que representaban, en ese momento le hubiera gustado tener un revólver y volarles la tapa de los sesos, sus padres eran extremeños, de eso no quería acordarse, era como una mancha de nacimiento. La primera emisión fue un éxito, los anunciantes inundaban las líneas telefónicas, querían invertir en aquel milagro vienés. Un muchacho encogido entra en la sala diáfana, mira al suelo, el tipo sin escrúpulos le habla con suavidad. Desgrana la vida del joven, y así nos enteramos de que tiene dos hijos, uno de tres años y otro de siete, es viudo, tiene que pagar una hipoteca de más de mil euros al mes, “estás despedido” resuena en las paredes con eco, también en nuestras pantallas, el muchacho llora como un niño, un pico máximo de audiencia, ha sido un buen arranque, la cadena afila los colmillos. Esa noche Manuel se sube a la noria del Prater, disfruta unos segundos de la paz operística de Viena y se acuerda de una canción que cantaba su padre, un pasodoble, Suspiros de España, el Danubio arrastra madejas de peces muertos, el olor es insoportable, arriba, parado en la cima, saca una cuchilla Gillette, mientras, la noria, gira y gira sobre el Prater.domingo, 18 de enero de 2015
FREAK
Manuel había tenido una idea brillante, los directivos del canal se la compraban, estaban seguros de que iba a revolucionar la televisión, cámaras ocultas instaladas en salas diáfanas y un tipo sin escrúpulos. El olor del Danubio llegaba a oleadas al Prater, desde pequeño, Manuel, disfrutaba esa gigantesca mole que se estampaba en el cielo de Viena, y con los demás escondrijos del parque de atracciones que subsistía a sus pies, con su reclamo de colores multiplicándose y bocinas sonando con estruendo. Detectó un grupo de turistas españoles, le daban asco, hablaban a gritos, odiaba todo lo que representaban, en ese momento le hubiera gustado tener un revólver y volarles la tapa de los sesos, sus padres eran extremeños, de eso no quería acordarse, era como una mancha de nacimiento. La primera emisión fue un éxito, los anunciantes inundaban las líneas telefónicas, querían invertir en aquel milagro vienés. Un muchacho encogido entra en la sala diáfana, mira al suelo, el tipo sin escrúpulos le habla con suavidad. Desgrana la vida del joven, y así nos enteramos de que tiene dos hijos, uno de tres años y otro de siete, es viudo, tiene que pagar una hipoteca de más de mil euros al mes, “estás despedido” resuena en las paredes con eco, también en nuestras pantallas, el muchacho llora como un niño, un pico máximo de audiencia, ha sido un buen arranque, la cadena afila los colmillos. Esa noche Manuel se sube a la noria del Prater, disfruta unos segundos de la paz operística de Viena y se acuerda de una canción que cantaba su padre, un pasodoble, Suspiros de España, el Danubio arrastra madejas de peces muertos, el olor es insoportable, arriba, parado en la cima, saca una cuchilla Gillette, mientras, la noria, gira y gira sobre el Prater.jueves, 4 de diciembre de 2014
EL DESCUARTIZADOR
Teníamos un pacto,
algo entre
caballeros,
yo aprendía a reír y él me respetaba,
pero no cumplió
y empezó por llenarme la barriga,
siguió quitándome el pelo a mechón limpio,
lo de la miopía y el astigmatismo vinieron por decantación,
más tarde la acumulación de desastres,
el desempleo de larga duración
fuera el café y otras chucherías,
el mapa de las arterias a punto de reventar
ni huevos ni grasas,
y el sexo con profesionales y poco esfuerzo.
Me quedaba mucho por hacer,
eso sí,
contemplar atardeceres,
recordar libros,
el chismorreo, deporte muy completo,
la maledicencia,
la genuflexión,
todas esas cosas.
Me dijo,
no hay más,
apréndelo de una vez.
Y saben que hice
obedecí
y aquí estoy
vivito y coleando.
martes, 4 de noviembre de 2014
VOCES
Salí de la Mezquita mareado, por las columnas, los colores y los juegos de luces y sombras, le eché una mirada al patio exterior buscando algo que me sacase del delirio, y solamente pude ver una frondosa vegetación donde grupos de mexicanos, chilenos y japoneses debatían sobre arte. El sol era demoledor y el ambiente era asombroso, parecía una tarde de otoño en el Yucatán. Entonces la vi, sacó su entrada y antes de acceder a la Mezquita se sentó debajo de una palmera, tenía un aire tristísimo, extrajo de su mochila una guía de bolsillo y un sobre abierto, manoseado, leído mil veces, y puso los ojos sobre él como la primera vez que llegó a su buzón, desplegó la carta que tenía dentro, entró en trance, era increíble el efecto, reía, sollozaba, era único, casi mágico, ni wasap, ni correo electrónico, ni red social que se precie, una carta roñosa, con sus tachones, su firma, su no te quiero ya, aunque cuánto te quise, sus caricias en el Trastevere, su primer beso. Terminó de leerla y puso una cara extraña, se notaba que había vuelto de un largo viaje, se le acercó un payaso y le ofreció un globo con forma de corazón, volvió a sonreír.
Se levantó y se fue, de fondo volvieron las demás criaturas con su ruido y su furia, volvieron las arcadas y volvió esa eterna melancolía del final de la batalla, eso fue todo.
viernes, 19 de septiembre de 2014
SIN RECURSOS
Pedro Rojas era tremendo, su decisión fue firme, diría más, definitiva, no podía hacer otra cosa, lo habló con sus amigos, con sus enemigos, con su agente literario, en fin, hasta se atrevió a llamar a su hermano al que detestaba por una cuestión de cuernos, pero nada. Estaba vacío, seco, sin nada más que decir. Así que cogió lo más a mano que tuvo, un libro, El perro de los Baskerville, y salió a una calleja estrecha, cerca de una iglesia, esperando alguna suerte de inspiración divina. Montó su chiringuito y se puso a pedir, colocó con destreza la novela de Conan Doyle a modo de triángulo equilátero y encima un cartón donde había escrito con rotulador permanente... sin recursos. Le dieron monedas, bocadillos, latas de cerveza, incluso le hicieron caricias, pero nadie le dijo al oído lo que quería escuchar: “Levántate y anda, coge de una maldita vez papel y bolígrafo y no llores tanto”. Hoy han pasado diez años y tiene más tripa y menos sueños.
viernes, 5 de septiembre de 2014
LA RESPUESTA
Solicito,
no,
exijo un poquito de comprensión,
si no creo en dios
sean indulgentes
padre nuestro que estás en el cielo,
si no voto en las elecciones sean comprensivos,
la izquierda y derecha unida jamás serán vencidas,
Nicanor Parra mediante,
no les pido que me salven
eso no tiene remedio,
tampoco necesito un Kalashnikov
ni versos de Neruda
me gustas cuando callas,
guárdenselos para otros,
maldita sea,
vuelvan de las cárceles
riendo y cantando,
y no llamen a mi puerta
no hay nadie,
y no me busquen en los hospitales
no me van las vías intravenosas,
si quieren
miren en los abismos
allí tendrán la respuesta.
lunes, 25 de agosto de 2014
FRONTERA
Recorrer el atardecer en el Mediterráneo como el insomne , despacio, sondeando el último sol del verano, una epidemia de adioses, por eso y por el brillo metálico de las embarcaciones estábamos acorralados. Me cogiste de la mano leyendo las coordenadas del tiempo, lo mismo que hace veinte años. Y la gente supo entonces, como lo sabe hoy, que tu elección estaba avocada a la lógica y no al azar. A nadie le importa ya que un día se te escapara la risa y yo no supiera enjaularla, nada habría cambiado, esas cosas se guardan en el cajón de la ternura. Hoy estás radiante con tu traje de turista, yo construyo castillos de arena, como entonces, también a Bob Esponja, así es esto, las monedas caen de tu mano, tan lejos y tan cerca de ti, en eso hemos quedado.
jueves, 7 de agosto de 2014
ÚLTIMA CENA
Y de pronto se fue la luz, era de noche, Roberto empezó a jurar, se iba a perder el partido del siglo, yo tenía en la olla exprés unas judías verdes con patata, nos sentamos en el sofá y en la penumbra pudimos adivinar los rastros de lo que fue el amor, la encarnizada pasión que un día nos devastó. Le rocé la mano, me besó, le acaricié con la lengua en la oreja, él escarbó nervioso en mis bragas. Habían pasado diez minutos desde el inicio del apagón, ni una palabra, ya no teníamos nada que decirnos, yo estaba llegando al orgasmo, y de pronto, volvió la luz, nos miramos a los ojos, enrojecidos, sin un rastro de risa, entonces, la televisión reapareció en escena con su estruendo impertinente, Messi estaba a punto de marcar un gol para la eternidad, mejor lo dejamos para otro rato me dijo, y pensé que tenía razón, por fin estábamos de acuerdo en algo.
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