jueves, 4 de diciembre de 2014

EL DESCUARTIZADOR



Teníamos un pacto,
algo  entre caballeros,
yo aprendía a reír y él me respetaba,
pero no cumplió
y empezó por llenarme la barriga,
siguió quitándome el pelo a mechón limpio,
lo de la miopía y el astigmatismo vinieron por decantación,
más tarde la acumulación de desastres,
el desempleo de larga duración
fuera el café y otras chucherías,
el mapa de las arterias a punto de reventar
ni huevos ni grasas,
y el sexo con profesionales y poco esfuerzo.
Me quedaba mucho por hacer,
eso sí,
contemplar atardeceres,
recordar libros,
el chismorreo, deporte muy completo,
la maledicencia,
la genuflexión,
todas esas cosas.
Me dijo,
no hay más,
apréndelo de una vez.
Y saben que hice
obedecí
y aquí estoy
vivito y coleando.                                                   




martes, 4 de noviembre de 2014

VOCES




Salí de la Mezquita mareado, por las columnas, los colores y los juegos de luces y sombras, le eché una mirada al patio exterior buscando algo que me sacase del delirio, y solamente pude ver una frondosa vegetación donde grupos de mexicanos, chilenos y japoneses debatían sobre arte. El sol era demoledor y el ambiente era asombroso, parecía una tarde  de otoño en el Yucatán. Entonces la vi, sacó su entrada y antes de acceder a la Mezquita se sentó debajo de una palmera, tenía un aire tristísimo, extrajo de su mochila una guía de bolsillo y un sobre abierto, manoseado, leído mil veces, y puso los ojos sobre él como la primera vez que llegó a su buzón, desplegó la carta que tenía dentro, entró en trance, era increíble el efecto, reía, sollozaba, era único, casi mágico, ni wasap, ni correo electrónico, ni red social que se precie, una carta roñosa, con sus tachones, su firma, su no te quiero ya, aunque cuánto te quise, sus caricias en el Trastevere, su primer beso. Terminó de leerla y puso una cara extraña, se notaba que había vuelto de un largo viaje, se le acercó un payaso y le ofreció un globo con forma de corazón, volvió a sonreír. 
Se levantó y se fue, de fondo volvieron las demás criaturas con su ruido y su furia, volvieron las arcadas y volvió esa eterna melancolía del final de la batalla, eso fue todo.



viernes, 19 de septiembre de 2014

SIN RECURSOS


Pedro Rojas era tremendo, su decisión fue firme, diría más, definitiva, no podía hacer otra cosa, lo habló con sus amigos, con sus enemigos, con su agente literario, en fin, hasta se atrevió a llamar a su hermano al que detestaba por una cuestión de cuernos, pero nada. Estaba vacío, seco, sin nada más que decir. Así que cogió lo más a mano que tuvo, un libro, El perro de los Baskerville, y salió a una calleja estrecha, cerca de una iglesia, esperando alguna suerte de inspiración divina. Montó su chiringuito y se puso a pedir, colocó con destreza la novela de Conan Doyle a modo de triángulo equilátero y encima un cartón donde había escrito con rotulador permanente... sin recursos. Le dieron monedas, bocadillos, latas de cerveza, incluso le hicieron caricias, pero nadie le dijo al oído lo que quería escuchar: “Levántate y anda, coge de una maldita vez papel y bolígrafo y no llores tanto”. Hoy han pasado diez años y tiene más tripa y menos sueños.



viernes, 5 de septiembre de 2014

LA RESPUESTA


Solicito,
no,
exijo un poquito de comprensión,
 si no creo en dios sean indulgentes
padre nuestro que estás en el cielo,
si no voto en las elecciones sean comprensivos,
la izquierda y derecha unida jamás serán vencidas,
Nicanor Parra mediante,
no les pido que me salven
eso no tiene remedio,
tampoco necesito un Kalashnikov
ni versos de Neruda
me gustas cuando callas,
guárdenselos para otros,
maldita sea,
vuelvan de las cárceles
riendo y cantando,
y no llamen a mi puerta
no hay nadie,
y no me busquen en los hospitales
no me van las vías intravenosas,
si quieren
miren en los abismos

allí tendrán la respuesta.


lunes, 25 de agosto de 2014

FRONTERA


Recorrer el atardecer en el Mediterráneo como el insomne , despacio, sondeando el último sol del verano, una epidemia de adioses, por eso y por el brillo metálico de las embarcaciones estábamos acorralados. Me cogiste de la mano leyendo las coordenadas del tiempo, lo mismo que hace veinte años. Y la gente supo entonces, como lo sabe hoy,  que tu elección estaba avocada a la lógica y no al azar. A nadie le importa ya que un día se te escapara la risa y yo no supiera enjaularla, nada habría cambiado, esas cosas se guardan en el cajón de la ternura. Hoy estás radiante con tu traje de turista, yo construyo castillos de arena, como entonces, también a Bob Esponja, así es esto, las monedas caen de tu mano, tan lejos y tan cerca de ti, en eso hemos quedado.




jueves, 7 de agosto de 2014

ÚLTIMA CENA


Y de pronto se fue la luz, era de noche, Roberto empezó a jurar, se iba a perder el partido del siglo, yo tenía en la olla exprés unas judías verdes con patata, nos sentamos en el sofá  y en la penumbra pudimos adivinar los rastros de lo que fue el amor, la encarnizada pasión que un día nos devastó. Le rocé la mano, me besó, le acaricié con la lengua en la oreja, él escarbó nervioso en mis bragas. Habían pasado diez minutos desde el inicio del apagón, ni una palabra, ya no teníamos nada que decirnos, yo estaba llegando al orgasmo, y de pronto,  volvió la luz, nos miramos a los ojos, enrojecidos, sin un rastro de risa, entonces, la televisión reapareció en escena con su estruendo impertinente, Messi estaba a punto de marcar un gol para la eternidad, mejor lo dejamos para otro rato me dijo, y pensé que tenía razón, por fin estábamos de acuerdo en algo.



jueves, 26 de junio de 2014

COSAS DE ALLÁ


Juan Serna era un tipo solitario y melancólico, y aquella tarde, cansado de recorrer la sierra se detuvo en seco, divisó a lo lejos la silueta afantasmada del viejo molino, la puerta estaba abierta, algo extraño, se acercó andando , de allí salía un viento helado, no era miedoso pero los pelos se le pusieron de punta, tenía una mala vibración recorriéndole los intestinos, acarició con suavidad las crines del caballo, le habló de igual a igual, como despidiéndose, cruzó el umbral de la puerta, preguntó a voces si había alguien, ninguna respuesta ,dentro todo estaba oscuro, avanzó a tientas, y de forma inesperada tropezó con algo y se cayó al suelo, sacó un mechero y se dio cuenta de que el obstáculo era un cadáver, le iluminó el rostro, era él mismo, se quedó inmóvil, quiso gritar y no pudo, quiso llorar y no supo. De esto hace muchos años y hoy la leyenda de Juan Serna sigue transitando por aquí, desde ese día nadie ha vuelto al molino, nadie que lo hay podido contar.